Metrosideros
Hasta hace poco tiempo no eran muy conocidos en España pero, actualmente, se ven cada vez con más frecuencia; en Cantabria son abundantes en parques y jardines, especies jóvenes que están creciendo muy bien al lado del mar.
Estas plantas son nativas de las islas del Pacífico, desde las islas Filipinas a Nueva Zelanda incluyendo Polinesia, Melanesia. y las islas Ogasawara o islas Bonin, pertenecientes a Japón. Es de señalar que hay una especie, M. angustifolia, que se ha naturalizado en Sudáfrica.
Mención especial merece el enorme Metrosidero de La Coruña que llegó de Nueva Zelanda, su tierra de origen, y del que no se sabe con seguridad su edad.
De esa parte del mundo, Oceanía, nuestras antípodas, proceden los eucaliptos que en el siglo XIX se introdujeron en el norte de España, por Galicia. También endémicos de Australia son los Callistemon, de la misma familia que los Metrosideros, la familia Myrtácea. A los Callistemon se les conoce vulgarmente como "limpiatubos" por la forma en que se disponen los numerosos estambres de sus flores. En Madrid puede verse algún ejemplar en jardines particulares además de poder disfrutar de varios en el Real Jardín Botánico.
Al género Metrosideros pertenecen unas 50 especies entre árboles, arbustos y enredaderas.
La especie más conocida en España es el Metrosideros excelsa que es el que vemos en el norte de España en calles y parques. Es una de las doce especies de Metrosideros de Nueva Zelanda. Añadir, además, que hay al menos 39 cultivares de M. excelsa.
La etimología de su nombre deriva de metra, que significa núcleo, corazón y de sideron , hierro. Así pues serían los árboles de corazón de hierro en referencia a la dureza de su madera.
Es un árbol perenne cuya procedencia es la costa de la isla del Norte de Nueva Zelanda y allí es conocido por el nombre de pohutukawa, muy acorde con su origen ya que en lengua maorí parece que significa "salpicado por la bruma del mar". Es resistente a la salinidad y a los vientos.
Se trata de árboles de buena altura que pueden llegar a 20-25 metros y buena sombra. Puede ramificarse en múltiples troncos donde a veces se observan raíces aéreas, sobre todo en árboles de más edad.
Se cultivan como ornamentales por sus llamativas flores rojas de múltiples estambres, aunque también pueden tener flores anaranjadas, amarillas , la variedad Aurea, o blancas. Florece en primavera y verano; en el hemisferio sur, por hacerlo de noviembre a enero, recibe el nombre de árbol de Navidad de Nueva Zelanda.
Los brotes florales, blanquecinos, llaman la atención a distancia. Cuando se abren las flores, los pétalos pasan desapercibidos dado el número y vistosidad de los estambres que recuerdan a un curioso cepillo.
Las hojas son ovaladas-redondeadas, enteras, de unos 4 cm, de color verde oscuro en el haz y blanquecinas en el envés, algo coriáceas. Las semillas están contenidas en una cápsula leñosa y son dispersadas por el viento y el agua.
| M. excelsa. Junio 2025 |
| Cápsulas leñosas de M. excelsa |
M. excelsa ha sido introducido en países con clima templado a subtropical. En la costa de California es muy cultivado en calles y jardines. Está ampliamente distribuido por el mundo y considerado invasor en algunas zonas de Sudáfrica, Japón, Irlanda, Reino Unido y España. En nuestro país aún no está incluido en la lista de especies exóticas invasoras.
Por sus características, fácil de cultivar, vigoroso, de crecimiento rápido, resistente a la sequía y la salinidad puede naturalizarse y competir con especies autóctonas.
Muestra de su fortaleza es que se mantiene firme en los acantilados y puede colonizar campos de lava.
En Nueva Zelanda tiene enemigos como las zarigüeyas (possum) que allí se introdujeron y comen sus hojas. Aquí parece no tener enemigos, por el momento.
Otras especies de Metrosideros de Nueva Zelanda son los M. umbellata, llamado árbol rata del sur (nombre maorí que no tiene relación alguna con los roedores) que es el más resistente al frío y el más extendido en N. Zelanda y M. robusta, árbol rata del norte, que puede nacer como planta epifita y enrollar sus raíces en torno a un huésped.