El hayedo del Parque Natural Saja Besaya
El encaje del sendero
era obra del sol.
Bajo la sombra del haya,
de largas ramas,
descansé.
Allí encontré, cercanas,
plantas bien conocidas,
rojos frutos de hipérico,
vara de oro divina
y hasta el curioso rusco
de puntas agresivas.
En torno a mí, presentes,
las rocas como asientos
de un salón verde umbrío,
almohadillados líquenes
de tacto suave y frío.
Más allá del hayedo,
entre luces y sombras,
los helechos formaban
una nube de ondas.
En la luz tamizada,
dibujé en mi cabeza
las diferentes ramas,
de verdes rebasadas,
como enrejado amigo,
como celda anhelada.
Y arriba, entre las copas,
el cielo azul brillaba,
discreta celosía
para amparar el alma.
Amelia Díez Gómez
| Solidago e Hipericum androsaemum |