lunes, 22 de abril de 2019

El café que tomó Pedro Páez


Pedro  Paez y el café


A la planta del café (Coffea arabica) se la denomina cafeto y pertenece a la Familia Rubiaceae. Su origen es africano, más concretamente, Etiopía, territorio antiguamente llamado Abisinia.
El nombre coffea proviene de la palabra kaffa, lugar donde se descubrió el café, ya que en esa provincia de Etiopía, situada al suroeste, crecía de forma silvestre. Parece que los holandeses fueron los primeros que plantaron un cafeto en Europa y se hicieron los dueños de su comercio. Más tarde, por mediación de los franceses, se extendería por  Centroamérica, Sudamérica y Sri Lanka.

La planta en estado silvestre puede llegar a alcanzar una altura de entre  9-12 m . Sus  hojas son opuestas,simples, ovales, fáciles de reconocer por su borde ondulado y con un aspecto lustroso. La flor tiene seis pétalos, es blanca y se dispone en grupos en los nudos de las ramas.. La drupa es ovoide, carnosa,  y al madurar adquiere un color rojizo, como una cereza, presentando dos semillas en su interior.




Cafeto del Invernadero de  Arganzuela. Madrid. Febrero 2017




Hay diferentes variedades de coffea como pueden ser : arabica , robusta, liberica, excelsa...
C. arábica contiene menos cafeína que otras especies. C. canephora (c. robusta) tiene el doble de cafeína, es un café menos aromático . Las distintas variedades cultivadas en lugares  diferentes, por lo tanto,  con  condiciones climáticas y suelos distintos hace que las características del café difieran.
Asimismo, el diferente procesamiento del grano se traduce en un producto final con diferentes cualidades.
Se han descrito plantas  descafeinadas  de forma natural de Coffea arabica (publicación en la revista Nature en Junio de 2004). En estas plantas no se llega a formar cafeína, acumulándose el precursor del mismo, la teobromina. Esto se debe a un déficit en la enzima  responsable del proceso de transformación.





Pequeño cafeto del invernadero del Rel Jardín Botánico de  Madrid



Los portugueses, al ser los primeros que rodearon el Cabo de Buena Esperanza, pronto establecieron colonias en la costa africana. Estas tempranas relaciones de los portugueses con Etiopía hicieron de ellos, seguramente, los primeros europeos que probaron esta bebida. .Los misioneros, en concreto, los jesuitas, fueron de los primeros que se adentraron en aquellas tierras. Y aquí es donde despunta el nombre de Pedro Páez Jaramillo. 
Fue un personaje de mucho talento, con gran facilidad para el estudio de distintas lenguas, buen diplomático que se supo hacer querer por los emperadores etíopes de su época y con gran capacidad de trabajo, lo que le llevó a escribir una muy completa Historia de Etiopía.



Pedro Páez (1564-1622) fue un jesuita nacido en el pueblo de Olmeda de las Fuentes perteneciente a la comunidad de Madrid, antes se le conocía por Olmeda de las Cebollas con pertenencia a Toledo.
Este misionero aventurero viajó por tierras etíopes y fue uno de los primeros europeos que probaría el café. Esta  experiencia que vivió en Yemen, no en Etiopía, la recogió en su obra. 




Olmeda de las Fuentes
Olmeda de las Fuentes






















Estudió  en Alcalá de Henares , en Coimbra y en Belmonte ( Cuenca). Desde muy joven tenía la intención de viajar a tierras lejanas para llevar a cabo su labor misionera. Partiendo de Lisboa llegó a La India, a la misión jesuita de Goa. Desde allí se embarcaría para alcanzar  la misión etíope en la que se necesitaban sus servicios tras el fallecimiento de varios misioneros.
Pero los acontecimientos se torcieron ya que , él y su compañero, fueron capturados por los turcos que dominaban aquellos mares. Pasarían grandes penurias por tierras de Yemen y Arabia. Hasta siete años después no fueron rescatados y, a la vuelta a Goa, tuvo que permanecer  varios meses convaleciente de tantas penalidades como habían sufrido.
Pero al poco de su restablecimiento mostraría su afán  por llegar a Etiopía, en este segundo intento, lo conseguiría.



Olmeda de la Fuentes. La historia
Columnas explicativas de la historia del pueblo






















Loa años allí pasados serían intensos en experiencias y trabajo.Trabaría amistad, dado su don de gentes y  facilidad para las lenguas, con los emperadores etíopes.
A instancias de sus superiores escribiría una completa historia de Etiopía en varios volúmenes. Allí nos contó que probó " cahua, agua cocida con las cáscaras de una fruta que llaman bun y que beben muy caliente"

Esta gran obra suya no se editaría hasta 1945, en Oporto. En español no se ha publicado hasta casi cuatro siglos después, en Fundación Legado Andalusí y en  Ediciones Del Viento.
La obra de Javier Reverte titulada  Dios, el diablo y la aventura  sacó a la luz, en 2001, su vida y su obra. Dió a conocer todos los hechos en Olmeda de las Fuentes y estos han sido grandes receptores de este mensaje.

Pedro Páez fallecería en Etiopía, en las orillas del lago Tana, en la misión que él fundara en las tierras que su amigo el emperador  Susinios le regaló.
Otro hecho importante en su biografía es visitaría y describiría las famosas fuentes del Nilo Azul en 1618.
Tras su muerte , su vida y obra cayó en el olvido. Si buscamos las razones quizá las encontraríamos en el diferente cariz que tomaron los acontecimientos tras la muerte de Susinios. Su hijo era contrario a las creencias católicas y esto, unido a la llegada de un jesuita con pocas dotes diplomáticas, llevó a la expulsión de los mismos de esas tierras.

En el pueblo se puede seguir la aventura vital de Pedro Páez por diferentes calles donde se cuenta el  origen del pueblo y los principales hitos de su vida  en columnas metálicas.





Columna explicativa en Olmeda de las Fuentes.

Principales hitos con la historia de Pedro Páez









También se puede ver una placa dedicada a él, con las impresiones que le causó la visión de las Fuentes del Nilo Azul.





Una placa recuerda el descubrimiento del Nilo Azul en 1618.


El pueblo, situado  a media ladera, tiene  cuestas importantes y cuidado caserío  blanco. El conjunto pinta un paisaje bello, agradable al paseo y a la vista de las tierras aledañas y de las colinas que le rodean.
Siglos después , la huella de Páez se deja sentir como podemos ver en el cartel , colocado en el jardín que rodea la iglesia. Un viaje a Etiopía, tras los pasos de este gran viajero que contó la historia de ese país africano así como sus experiencias .




Si quieres viajar a Africa...





Una de las fuentes del pueblo con su escudo.

Loa cercis embellecen el paisaje en Olmeda de Las Fuentes












lunes, 4 de marzo de 2019

Los almendros florecen de nuevo




Torre Arias y la Quinta de los Molinos.


Son muchos los estupendos parajes por donde pasear en Madrid. Dos parques muy interesantes son los de Torre Arias y la Quinta de los Molinos. Este año, con esta primavera adelantada, los almendros ya han comenzado a florecer.

La finca de Torre Arias tiene una larga historia. Su origen se sitúa a finales del siglo XVI  y comienzos del XVII. Más de 18 hectáreas que han pertenecido a distintas familias cargadas de títulos y honores.


Parque Torre Arias. La gran explanada.


Cada  propietario ha ido dejando su huella en los campos, en el palacio o en ambos. Habrán disfrutado de lo que el campo entrega a quien lo cuida, de la sombra de hermosos árboles, de los caminos que deparan sorpresas y rincones románticos.




Palacio de Torre Arias en rehabilitación.



La finca es rica en manantiales y pozos y, aunque ahora ya no veamos correr el agua por el arroyo que la atraviesa, si cerramos los ojos y nos imaginamos la actividad que aquí hubo cuando fue tierra de labor y granja, aún podremos oír su murmullo.
En la finca se encuentran varios árboles singulares: pinos carrascos o halepensis, un altísimo almendro que hará obligada la visita en febrero, cedros , una sophora japónica péndula cerca de la casa y una gran encina de 300 años, cercana al muro de la finca y al huerto, con su enorme copa.
Veremos muchos cercis y sendas flanqueadas de lilos. Abundan los ruscos a lo largo de los caminos.



Los viejos almendros de Torre Arias.



El rusco ( Ruscus aculeatus), arbusto siempre verde, pinchoso, de la Familia  Asparagaceae. Con dos tipos de tallos , unos  lisos y redondeados y otros aplanados (filocladios) que presentan falsas hojas de 2-3 cm, punzantes. Las hojas verdaderas son muy pequeñas, poco visibles, y se presentan como escamas en las axilas de 3-4 mm de longitud. Florece a finales del invierno y en primavera. En las plantas femeninas aparece en otoño e invierno el fruto, que es tóxico, como una baya roja, en medio de las falsas hojas. Podemos encontrar, a la vez, la flor y el fruto.




Ruscos de Torre Arias

La flor del rusco

Fruto del rusco.



Siguiendo los caminos veremos los invernaderos, ahora desvencijados, que aún nos trasmiten lo que fueron.
Los sentimientos de los moradores y su amor a las plantas han quedado engarzados en el esqueleto herrumbroso de la estructura y nos acerca a los que aquí vivieron y nos aúna con ellos la emoción ante la naturaleza, que año tras año resurge con fuerza renovada.


Uno de los invernaderos de Torre Arias.

Agaves en Torre Arias.

La Sophora en forme de T. Torre Arias.



Torre Arias. La vieja encina (Quercus illex).



Si queremos ver gran cantidad de almendros que este año ya han comenzado a florecer a mediados de febrero, visitaremos la finca cercana de la Quinta de los Molinos. Su historia es más reciente, se desarrolla en el primer cuarto del siglo XX. Su propietario César Cort Botí recibió un terreno que ampliaría con adquisiciones de parcelas colindantes.Allí plantó gran cantidad de olivos y almendros que hacen de este parque un lugar maravilloso de paseo.



Los almendros comienzan a florecer. Quinta de los Molinos.



En la Quinta de Los Molinos se congrega mucha gente para ver los almendros florecidos en toso su esplendor. Hay que estar pendientes de las fechas para poder pasear entre las copas blanco-rosadas y luego, perderse por caminos menos transitados.



Uno de los muchos almendros en la Quinta de los Molinos.


Violas que acompañan al paseante. Quinta de los Molinos.





miércoles, 27 de febrero de 2019

Una jardinera en la ventana . Amapola de Islandia.





Una jardinera en la ventana.

Amapola de Islandia



Amapolas nudicaule. Febrero 2019

Tengo una jardinera en la ventana y eso me hace muy feliz. Son varias las razones de ello.
La primera y más obvia, me gustan las plantas. No solamente el espectáculo de la floración sino el verlas crecer día a día o contemplar cómo se enfrentan a las inclemencias del tiempo. Otro motivo de alegría es  la sorpresa de ver  crecer algo que  tú no has plantado. El vuelo de las semillas es caprichoso e impredecible.
Además, aunque solo se trate de una pequeña jardinera, es un lugar visitado por los curiosos insectos y aves. Entretenido espectáculo.
La urraca viene de vez en cuando y golpea con su pico el cristal, visitante sin anuncio previo. También, sobre la superficie de las flores y hojas, se pasean solitarios insectos acaparadores de sol.
Bastan unos pequeños centímetros cuadrados para explorar la vida muy de cerca, a un palmo de tus ojos.

He plantado hace poco una variedad de amapola, Amapola nudicaule.

Planta vivaz de rocalla, de montaña, que puede soportar muchos grados bajo cero.Se la conoce como amapola de Islandia.Su origen se encuentra en América del Norte, Europa y Asia, en latitudes nórdicas.

Presenta una roseta basal formada por hojas muy lobuladas, de color verde claro, desde esta base salen los tallos cubiertos con llamativos pelos negros, al igual que el botón floral. Este está formado por dos valvas que se van abriendo lentamente dejando entrever la flor. Las flores son grandes, pueden ser de diferentes colores, las mías son de color rojo y  crema. Persisten unos días más que las de las amapolas silvestres. Sus pétalos, con textura de papel de seda  ampliamente abiertos al sol, son una excelente plataforma para los insectos que se acercan. Por la noche, se cierran un poco sobre sí mismos y su principal enemigo es el viento que, si es algo fuerte, los hará volar fácilmente.
Las cápsulas que contienen las semillas van  cambiando su aspecto y madurando poco a poco. 
La planta es de rápido crecimiento, cuando unas flores ya han perdido sus pétalos  ves emerger, desde la base, nuevos tallos florales con la característica curvatura de las amapolas.



Emerge una futura flor. Amapola nudicaule


Botón floral y tallo cubiertos de pelos. A. nudicaule


Amapola nudicaule
Vistosos estambres de la Amapola nudicaule



Los pétalos son buen lugar de paseo.



Amapola nudicaule o de Islandia.

Dentro de la ciudad, aunque se trate de un pequeño espacio verde en la ventana, la cercanía de la naturaleza sólo puede proporcionar satisfacción.




miércoles, 23 de enero de 2019

Los grandes ficus de Cartagena





Ficus macrophylla: árboles monumentales


En diferentes  lugares de España podemos ver esta especie. Recuerdo que en Sevilla ya me admiraron. Se les puede contemplar también en Murcia capital.




Ficus macrophylla en La Muralla del Mar. Cartagena.


En  Cartagena, comunidad de Murcia, crecen en diferentes puntos de la ciudad. Quizá los más emblemáticos sean los de la plaza de San Francisco. Son unos enormes ejemplares que recibieron una poda en la primavera de 2018, por seguridad, tras la caída de un ejemplar de esta especie en la ciudad de Murcia el año anterior. Se trata del Ficus macrophylla, también llamado higuera australiana, que están allí desde hace unos 90 años.
Crecen también en otros lugares de Cartagena como en la Muralla del Mar y en el parque del Castillo de la Concepción.



Ficus macrophylla en el parque del castillo de la Concepción. Cartagena.



Proceden de la costa oeste de Australia, siendo muy abundantes en la Bahía de Moreton (Queensland).
Son árboles que pueden alcanzar una gran altura y llegar a los 50 m en su lugar de procedencia. Mantienen sus hojas en el invierno y se caracterizan por su gran porte , sus raíces aéreas que alcanzan el suelo dando lugar a nuevos ejemplares y por  sus raíces en superficie. Las raíces que, creciendo del tronco en su parte inferior,  se elevan sobre el terreno llegando a formar paredes verticales  se denominan raíces tabulares y funcionan como contrafuertes que aumentan la estabilidad de estos grandes árboles.

Pertenecientes a la familia Moraceae, el género ficus es muy extenso. Se encuentran en las zonas intertropicales y también en áreas templadas.
Se incluyen en él cerca de 900 especies entre árboles, arbustos y plantas trepadoras, como el Ficus pumila que posee raíces adherentes, o plantas rastreras. Son dos sus características más importantes:  la de contener un látex lechoso y  sus inflorescencias especiales en forma de ¨falsos frutos", llamados siconos, en cuyo interior se disponen las pequeñas flores.Muchos no son frutos comestibles pero los más conocidos por nosotros y apreciados son los higos del Ficus carica  ( la higuera)  .La polinización de los ficus es compleja, llevándose a cabo por la mediación de diferentes especies de avispillas.

Las hojas de los Ficus son muy diferentes, en forma y tamaño, puesto que hay muchas especies. Pueden ser ovales, lanceoladas, lobuladas, cordadas o con aspecto  muy atractivo y de gran valor ornamental como es el caso del Ficus lyrata, de origen africano, con sus hojas onduladas en forma de violín o lira con una vasculatura muy marcada.




Talud con las raíces del Ficus entre los pinos.



Las raíces del Ficus macrophylla. Cartagena.




Arboles monumentales

Gran árbol del camino, del parque, de la calle...
de pulso paralelo al de los viandantes,
con vida simultánea
              a los que os ignoran
              a los que os alaban.
Monumentos vivos, poderosos y fuertes
testigos de los días que trascurren veloces,
testigos de otras vidas
              más breves que la vuestra.
Rotundas tus raíces,
unas vienen del aire hasta tocar el suelo,
otras,
desde el tronco leñoso desparraman su vida
y expandidas te dan poderoso sustento.
Contemplándote pienso lo pequeños que somos. 
Que nadie te cercene creyéndose más fuerte,
               que se acerquen a tí
               con actitud humilde,
               respetando tu vida,
               la de un ser imponente.

                                                   
                         
                             Amelía Diez Gómez, diciembre 2018












lunes, 17 de diciembre de 2018

Amapolas, en el campo y en los cuadros




Detalles botánicos

Amapolas en un cuadro de Bartolomé Bermejo


Hablando de amapolas y pintura enseguida acude a nuestra cabeza el cuadro de Claude Monet, el campo de amapolas por el que caminan la dama con sombrilla y la niña .
Pero también las representó un pintor menos conocido, Bartolomé Bermejo.Fue un pintor del siglo XV, nacido en Córdoba, al que ahora podemos admirar en el Museo del Prado.
Se sabe muy poco de su vida, ni siquiera el por qué del apellido Bermejo cuando su apellido verdadero era Cárdenas. Se desplazó por diferentes poblaciones de la Corona de Aragón, asociado con artistas locales para poder realizar su trabajo, dado el sistema de gremios establecido en su época.
Su estilo estuvo influenciado por la escuela flamenca, esto puede verse en  el paisaje , en la meticulosidad de la representación de la naturaleza.La temática religiosa de sus cuadros no le impidieron situar detalles botánicos muy realistas.
En el retablo de la Virgen de Montserrat se puede disfrutar de los detalles florales . En la tabla central, a los pies de la Virgen y a la derecha están representadas unas amapolas.




Retablo de la Virgen de Montserrat. Bartolomé Bermejo



Lo mismo puede decirse  de su Piedad , La Piedad Desplá, que se encuentra en el  Museo de la  Catedral de Barcelona. En este cuadro  se han catalogado más de cuarenta variedades de plantas, líquenes y hongos y un importante número de insectos. No todo lo representado se ajusta a la realidad, se permitió licencias artísticas.



La Piedad Desplá. Bartolomé Bermejo



Otra autora, Mary Delany (1700-1788)  nos sorprende con su Amapola , dentro de su amplia Flora Delanica.


Mary Delany. Papaver somniferum (Opium Poppy, 1776)



La primera vez que vi esta magnífica Papaver somniferum roja creí que era un dibujo botánico. Me llevé una gran sorpresa cuando, leyendo acerca de la vida de esta mujer, me enteré de que, a los 72 años de edad, comenzó con lo que ella llamaba "mosaicks".
Realmente, se trataba de un collage realizado con múltiples papelitos de colores pegados. El primor del trabajo y el cuidado de los detalles botánicos es para dejar perplejo a cualquiera.
Con este método llevó a cabo más de 900 láminas, que se encuentran en el British Museum.
La similitud del color de un geranio  con un papel dejado sobre su mesilla de noche le dio la idea. La ocurrencia para comenzar con esta técnica fue así fortuita. El nivel que adquirió fue de una perfección admirable.


Las amapolas, cada primavera, florecen en nuestros campos salpicándolos de colores. Amplias extensiones son invadidas por el rojo y por el blanco.
Pertenecen a la Familia Papaveraceae, están descritos 44 géneros y más de 700 especies, algunas de ellas muy diferentes en su aspecto de la idea que podemos tener de una amapola.
Se desarrollan en las áreas templadas y se caracterizan por poseer el látex, blanco o amarillo.
El poder de los alcaloides que contienen fue conocido muy pronto por el hombre que, enseguida, observó sus propiedades. Me estoy refiriendo al opio, obtenido del látex de la cápsula inmadura de la Papaver somniferum. Esta sustancia contiene una mezcla de más de 20 alcaloides diferentes, entre ellos, la morfina y la codeína. Su importancia en la Medicina antigua fue innegable.



¿ Qué  amapolas que podemos ver en nuestros paseos ? Ahí van algunas muestras.


La Papaver rhoeas es la amapola silvestre, por excelencia, en los campos. Las podemos ver en cualquier sitio, solares, cunetas, en cualquier grieta... cercanas siempre a las actividades humanas.



Papaver rhoeas


Papaver rhoeas en un solar



Otra amapola roja, ampliamente distribuida,  es el Glaucium corniculatum, de color rojo anaranjado, a veces, con manchas negras en la base de los pétalos. Su fruto es una cápsula muy alargada que puede tener hasta 10 cm de longitud.



Glaucium corniculatum. Cerro Almodóvar. Madrid


Menos frecuente de ver es la Roemeria hybrida. Amapola morada con látex amarillo.


Roemeria hybrida. Saelices de la Sal ( Guadalajara)


La Papaver somniferum blanca se ha dejado ver por nuestros campos y cunetas esta primavera con gran profusión.



Riberas del rio Guadarrama. Carranque. Toledo



Papaver somniferum blanca. Campos de Toledo


La amapola de California es una amapola de color  amarillo-naranja, grande, con cuatro pétalos.Procedente de California y Baja California (México). Su nombre botánico es Eschscholzia californica.
Se pudo ver, en la primavera,  en las praderas silvestres del Real Jardín Botánico (RJB) de Madrid.



Al fondo, amapolas de California. RJB Madrid, 2017

La llamada amapola de México, endemismo de México y California, es la Romneya coulteri. Se trata de un arbusto de tallo leñoso que puede alcanzar una buena altura. Su flor es una gran amapola blanca en la que destacan gran número de estambres amarillos. Sus hojas son muy llamativas, lobuladas y alguno de esos lóbulos puede tener forma lanceolada.



Romneya coulteri. RJB Madrid



Romneya coulteri, amapola de México.RJB

Hojas de Romneya coulteri.

Este repaso de las amapolas, lejos aún de la primavera, nos hará aguzar la mirada a las obras en las que se representan.