lunes, 4 de marzo de 2019

Los almendros florecen de nuevo




Torre Arias y la Quinta de los Molinos.


Son muchos los estupendos parajes por donde pasear en Madrid. Dos parques muy interesantes son los de Torre Arias y la Quinta de los Molinos. Este año, con esta primavera adelantada, los almendros ya han comenzado a florecer.

La finca de Torre Arias tiene una larga historia. Su origen se sitúa a finales del siglo XVI  y comienzos del XVII. Más de 18 hectáreas que han pertenecido a distintas familias cargadas de títulos y honores.


Parque Torre Arias. La gran explanada.


Cada  propietario ha ido dejando su huella en los campos, en el palacio o en ambos. Habrán disfrutado de lo que el campo entrega a quien lo cuida, de la sombra de hermosos árboles, de los caminos que deparan sorpresas y rincones románticos.




Palacio de Torre Arias en rehabilitación.



La finca es rica en manantiales y pozos y, aunque ahora ya no veamos correr el agua por el arroyo que la atraviesa, si cerramos los ojos y nos imaginamos la actividad que aquí hubo cuando fue tierra de labor y granja, aún podremos oír su murmullo.
En la finca se encuentran varios árboles singulares: pinos carrascos o halepensis, un altísimo almendro que hará obligada la visita en febrero, cedros , una sophora japónica péndula cerca de la casa y una gran encina de 300 años, cercana al muro de la finca y al huerto, con su enorme copa.
Veremos muchos cercis y sendas flanqueadas de lilos. Abundan los ruscos a lo largo de los caminos.



Los viejos almendros de Torre Arias.



El rusco ( Ruscus aculeatus), arbusto siempre verde, pinchoso, de la Familia  Asparagaceae. Con dos tipos de tallos , unos  lisos y redondeados y otros aplanados (filocladios) que presentan falsas hojas de 2-3 cm, punzantes. Las hojas verdaderas son muy pequeñas, poco visibles, y se presentan como escamas en las axilas de 3-4 mm de longitud. Florece a finales del invierno y en primavera. En las plantas femeninas aparece en otoño e invierno el fruto, que es tóxico, como una baya roja, en medio de las falsas hojas. Podemos encontrar, a la vez, la flor y el fruto.




Ruscos de Torre Arias

La flor del rusco

Fruto del rusco.



Siguiendo los caminos veremos los invernaderos, ahora desvencijados, que aún nos trasmiten lo que fueron.
Los sentimientos de los moradores y su amor a las plantas han quedado engarzados en el esqueleto herrumbroso de la estructura y nos acerca a los que aquí vivieron y nos aúna con ellos la emoción ante la naturaleza, que año tras año resurge con fuerza renovada.


Uno de los invernaderos de Torre Arias.

Agaves en Torre Arias.

La Sophora en forme de T. Torre Arias.



Torre Arias. La vieja encina (Quercus illex).



Si queremos ver gran cantidad de almendros que este año ya han comenzado a florecer a mediados de febrero, visitaremos la finca cercana de la Quinta de los Molinos. Su historia es más reciente, se desarrolla en el primer cuarto del siglo XX. Su propietario César Cort Botí recibió un terreno que ampliaría con adquisiciones de parcelas colindantes.Allí plantó gran cantidad de olivos y almendros que hacen de este parque un lugar maravilloso de paseo.



Los almendros comienzan a florecer. Quinta de los Molinos.



En la Quinta de Los Molinos se congrega mucha gente para ver los almendros florecidos en toso su esplendor. Hay que estar pendientes de las fechas para poder pasear entre las copas blanco-rosadas y luego, perderse por caminos menos transitados.



Uno de los muchos almendros en la Quinta de los Molinos.


Violas que acompañan al paseante. Quinta de los Molinos.





miércoles, 27 de febrero de 2019

Una jardinera en la ventana . Amapola de Islandia.





Una jardinera en la ventana.

Amapola de Islandia



Amapolas nudicaule. Febrero 2019

Tengo una jardinera en la ventana y eso me hace muy feliz. Son varias las razones de ello.
La primera y más obvia, me gustan las plantas. No solamente el espectáculo de la floración sino el verlas crecer día a día o contemplar cómo se enfrentan a las inclemencias del tiempo. Otro motivo de alegría es  la sorpresa de ver  crecer algo que  tú no has plantado. El vuelo de las semillas es caprichoso e impredecible.
Además, aunque solo se trate de una pequeña jardinera, es un lugar visitado por los curiosos insectos y aves. Entretenido espectáculo.
La urraca viene de vez en cuando y golpea con su pico el cristal, visitante sin anuncio previo. También, sobre la superficie de las flores y hojas, se pasean solitarios insectos acaparadores de sol.
Bastan unos pequeños centímetros cuadrados para explorar la vida muy de cerca, a un palmo de tus ojos.

He plantado hace poco una variedad de amapola, Amapola nudicaule.

Planta vivaz de rocalla, de montaña, que puede soportar muchos grados bajo cero.Se la conoce como amapola de Islandia.Su origen se encuentra en América del Norte, Europa y Asia, en latitudes nórdicas.

Presenta una roseta basal formada por hojas muy lobuladas, de color verde claro, desde esta base salen los tallos cubiertos con llamativos pelos negros, al igual que el botón floral. Este está formado por dos valvas que se van abriendo lentamente dejando entrever la flor. Las flores son grandes, pueden ser de diferentes colores, las mías son de color rojo y  crema. Persisten unos días más que las de las amapolas silvestres. Sus pétalos, con textura de papel de seda  ampliamente abiertos al sol, son una excelente plataforma para los insectos que se acercan. Por la noche, se cierran un poco sobre sí mismos y su principal enemigo es el viento que, si es algo fuerte, los hará volar fácilmente.
Las cápsulas que contienen las semillas van  cambiando su aspecto y madurando poco a poco. 
La planta es de rápido crecimiento, cuando unas flores ya han perdido sus pétalos  ves emerger, desde la base, nuevos tallos florales con la característica curvatura de las amapolas.



Emerge una futura flor. Amapola nudicaule


Botón floral y tallo cubiertos de pelos. A. nudicaule


Amapola nudicaule
Vistosos estambres de la Amapola nudicaule



Los pétalos son buen lugar de paseo.



Amapola nudicaule o de Islandia.

Dentro de la ciudad, aunque se trate de un pequeño espacio verde en la ventana, la cercanía de la naturaleza sólo puede proporcionar satisfacción.




miércoles, 23 de enero de 2019

Los grandes ficus de Cartagena





Ficus macrophylla: árboles monumentales


En diferentes  lugares de España podemos ver esta especie. Recuerdo que en Sevilla ya me admiraron. Se les puede contemplar también en Murcia capital.




Ficus macrophylla en La Muralla del Mar. Cartagena.


En  Cartagena, comunidad de Murcia, crecen en diferentes puntos de la ciudad. Quizá los más emblemáticos sean los de la plaza de San Francisco. Son unos enormes ejemplares que recibieron una poda en la primavera de 2018, por seguridad, tras la caída de un ejemplar de esta especie en la ciudad de Murcia el año anterior. Se trata del Ficus macrophylla, también llamado higuera australiana, que están allí desde hace unos 90 años.
Crecen también en otros lugares de Cartagena como en la Muralla del Mar y en el parque del Castillo de la Concepción.



Ficus macrophylla en el parque del castillo de la Concepción. Cartagena.



Proceden de la costa oeste de Australia, siendo muy abundantes en la Bahía de Moreton (Queensland).
Son árboles que pueden alcanzar una gran altura y llegar a los 50 m en su lugar de procedencia. Mantienen sus hojas en el invierno y se caracterizan por su gran porte , sus raíces aéreas que alcanzan el suelo dando lugar a nuevos ejemplares y por  sus raíces en superficie. Las raíces que, creciendo del tronco en su parte inferior,  se elevan sobre el terreno llegando a formar paredes verticales  se denominan raíces tabulares y funcionan como contrafuertes que aumentan la estabilidad de estos grandes árboles.

Pertenecientes a la familia Moraceae, el género ficus es muy extenso. Se encuentran en las zonas intertropicales y también en áreas templadas.
Se incluyen en él cerca de 900 especies entre árboles, arbustos y plantas trepadoras, como el Ficus pumila que posee raíces adherentes, o plantas rastreras. Son dos sus características más importantes:  la de contener un látex lechoso y  sus inflorescencias especiales en forma de ¨falsos frutos", llamados siconos, en cuyo interior se disponen las pequeñas flores.Muchos no son frutos comestibles pero los más conocidos por nosotros y apreciados son los higos del Ficus carica  ( la higuera)  .La polinización de los ficus es compleja, llevándose a cabo por la mediación de diferentes especies de avispillas.

Las hojas de los Ficus son muy diferentes, en forma y tamaño, puesto que hay muchas especies. Pueden ser ovales, lanceoladas, lobuladas, cordadas o con aspecto  muy atractivo y de gran valor ornamental como es el caso del Ficus lyrata, de origen africano, con sus hojas onduladas en forma de violín o lira con una vasculatura muy marcada.




Talud con las raíces del Ficus entre los pinos.



Las raíces del Ficus macrophylla. Cartagena.




Arboles monumentales

Gran árbol del camino, del parque, de la calle...
de pulso paralelo al de los viandantes,
con vida simultánea
              a los que os ignoran
              a los que os alaban.
Monumentos vivos, poderosos y fuertes
testigos de los días que trascurren veloces,
testigos de otras vidas
              más breves que la vuestra.
Rotundas tus raíces,
unas vienen del aire hasta tocar el suelo,
otras,
desde el tronco leñoso desparraman su vida
y expandidas te dan poderoso sustento.
Contemplándote pienso lo pequeños que somos. 
Que nadie te cercene creyéndose más fuerte,
               que se acerquen a tí
               con actitud humilde,
               respetando tu vida,
               la de un ser imponente.

                                                   
                         
                             Amelía Diez Gómez, diciembre 2018












lunes, 17 de diciembre de 2018

Amapolas, en el campo y en los cuadros




Detalles botánicos

Amapolas en un cuadro de Bartolomé Bermejo


Hablando de amapolas y pintura enseguida acude a nuestra cabeza el cuadro de Claude Monet, el campo de amapolas por el que caminan la dama con sombrilla y la niña .
Pero también las representó un pintor menos conocido, Bartolomé Bermejo.Fue un pintor del siglo XV, nacido en Córdoba, al que ahora podemos admirar en el Museo del Prado.
Se sabe muy poco de su vida, ni siquiera el por qué del apellido Bermejo cuando su apellido verdadero era Cárdenas. Se desplazó por diferentes poblaciones de la Corona de Aragón, asociado con artistas locales para poder realizar su trabajo, dado el sistema de gremios establecido en su época.
Su estilo estuvo influenciado por la escuela flamenca, esto puede verse en  el paisaje , en la meticulosidad de la representación de la naturaleza.La temática religiosa de sus cuadros no le impidieron situar detalles botánicos muy realistas.
En el retablo de la Virgen de Montserrat se puede disfrutar de los detalles florales . En la tabla central, a los pies de la Virgen y a la derecha están representadas unas amapolas.




Retablo de la Virgen de Montserrat. Bartolomé Bermejo



Lo mismo puede decirse  de su Piedad , La Piedad Desplá, que se encuentra en el  Museo de la  Catedral de Barcelona. En este cuadro  se han catalogado más de cuarenta variedades de plantas, líquenes y hongos y un importante número de insectos. No todo lo representado se ajusta a la realidad, se permitió licencias artísticas.



La Piedad Desplá. Bartolomé Bermejo



Otra autora, Mary Delany (1700-1788)  nos sorprende con su Amapola , dentro de su amplia Flora Delanica.


Mary Delany. Papaver somniferum (Opium Poppy, 1776)



La primera vez que vi esta magnífica Papaver somniferum roja creí que era un dibujo botánico. Me llevé una gran sorpresa cuando, leyendo acerca de la vida de esta mujer, me enteré de que, a los 72 años de edad, comenzó con lo que ella llamaba "mosaicks".
Realmente, se trataba de un collage realizado con múltiples papelitos de colores pegados. El primor del trabajo y el cuidado de los detalles botánicos es para dejar perplejo a cualquiera.
Con este método llevó a cabo más de 900 láminas, que se encuentran en el British Museum.
La similitud del color de un geranio  con un papel dejado sobre su mesilla de noche le dio la idea. La ocurrencia para comenzar con esta técnica fue así fortuita. El nivel que adquirió fue de una perfección admirable.


Las amapolas, cada primavera, florecen en nuestros campos salpicándolos de colores. Amplias extensiones son invadidas por el rojo y por el blanco.
Pertenecen a la Familia Papaveraceae, están descritos 44 géneros y más de 700 especies, algunas de ellas muy diferentes en su aspecto de la idea que podemos tener de una amapola.
Se desarrollan en las áreas templadas y se caracterizan por poseer el látex, blanco o amarillo.
El poder de los alcaloides que contienen fue conocido muy pronto por el hombre que, enseguida, observó sus propiedades. Me estoy refiriendo al opio, obtenido del látex de la cápsula inmadura de la Papaver somniferum. Esta sustancia contiene una mezcla de más de 20 alcaloides diferentes, entre ellos, la morfina y la codeína. Su importancia en la Medicina antigua fue innegable.



¿ Qué  amapolas que podemos ver en nuestros paseos ? Ahí van algunas muestras.


La Papaver rhoeas es la amapola silvestre, por excelencia, en los campos. Las podemos ver en cualquier sitio, solares, cunetas, en cualquier grieta... cercanas siempre a las actividades humanas.



Papaver rhoeas


Papaver rhoeas en un solar



Otra amapola roja, ampliamente distribuida,  es el Glaucium corniculatum, de color rojo anaranjado, a veces, con manchas negras en la base de los pétalos. Su fruto es una cápsula muy alargada que puede tener hasta 10 cm de longitud.



Glaucium corniculatum. Cerro Almodóvar. Madrid


Menos frecuente de ver es la Roemeria hybrida. Amapola morada con látex amarillo.


Roemeria hybrida. Saelices de la Sal ( Guadalajara)


La Papaver somniferum blanca se ha dejado ver por nuestros campos y cunetas esta primavera con gran profusión.



Riberas del rio Guadarrama. Carranque. Toledo



Papaver somniferum blanca. Campos de Toledo


La amapola de California es una amapola de color  amarillo-naranja, grande, con cuatro pétalos.Procedente de California y Baja California (México). Su nombre botánico es Eschscholzia californica.
Se pudo ver, en la primavera,  en las praderas silvestres del Real Jardín Botánico (RJB) de Madrid.



Al fondo, amapolas de California. RJB Madrid, 2017

La llamada amapola de México, endemismo de México y California, es la Romneya coulteri. Se trata de un arbusto de tallo leñoso que puede alcanzar una buena altura. Su flor es una gran amapola blanca en la que destacan gran número de estambres amarillos. Sus hojas son muy llamativas, lobuladas y alguno de esos lóbulos puede tener forma lanceolada.



Romneya coulteri. RJB Madrid



Romneya coulteri, amapola de México.RJB

Hojas de Romneya coulteri.

Este repaso de las amapolas, lejos aún de la primavera, nos hará aguzar la mirada a las obras en las que se representan.






lunes, 19 de noviembre de 2018

El Reino Ignorado de David G. Jara



Para los que nos gustan, y leemos, los libros que tratan de botánica, es una suerte encontrarse con nuevos títulos.
Bioquímico y profesor de secundaria, David G. Jara ha realizado un estupendo libro con mucha información interesante sobre fisiología vegetal.
En algunos párrafos se introduce en jardines bioquímicos pero, en ningún momento, la lectura resulta dificultosa.
Se trata de un libro ameno, didáctico y dinámico, que sabe aderezar muy bien con sus experiencias como profesor en contacto con adolescentes a los que no es fácil atraer con la ciencia, a menos que se presente con entusiasmo y claridad.






Los capítulos, que titula con mucha gracia animándonos a la lectura y captando nuestra interés, se suceden explicando las curiosidades de este reino, revelándonos sus secretos . Pueden leerse en cualquier orden pues son independientes uno de otro.

El libro nos aproxima  al mundo vegetal  en sentido opuesto a la perspectiva que pudiéramos tener si consideramos a las plantas como seres pasivos. Las plantas son maravillosas fábricas que funcionan con luz solar y estupendas estrategas ya que deben hacer frente a las adversidades , no pueden huir del enemigo ni de las circunstancias adversas.
Recalca su importancia crucial: sin ellas, no estaríamos aquí.
Animo a leer el libro, que es fenomenal ¡ Enhorabuena al autor!
Concluyo con una frase, muy bella, que utiliza  en el preámbulo, recogida  de F. Dostoyevski en su obra "El idiota" que dice Yo no comprendo que se pueda pasar al lado de un árbol sin sentirse feliz mirándolo.
Comparto la idea.

sábado, 27 de octubre de 2018

Color púrpura en el Jardín Botánico




Color púrpura en el Jardín Botánico

Phytolaca , amaranto y ricino


Los espacios verdes nunca están del todo explorados. El reino vegetal, como conjunto de seres vivos, tiene por norma el cambio continuo, la variabilidad, solo que para constatarlo aquí es preciso que seamos observadores. Hay que estar dispuestos para fijarse en las variaciones en el recorrido, ya que nunca se pasea por el mismo camino.
En el Real Jardín Botánico ( RJB) de Madrid y en otros lugares similares, con gran concentración de distintas especies, siempre veremos algo diferente, algo nuevo no visto antes  o algún cambio en lo ya conocido.
Y eso ha pasado ¿ cómo se puede ignorar ese color púrpura que presentan diferentes plantas ?



Phytolacca americana en la platabanda del Real Jardín Botánico de Madrid.



PHYTOLACCA. A éste género pertenecen muchas plantas perennes que son nativas de extensos territorios del norte y sur de América, del este de Asia y de Nueva Zelanda.

Se trata de plantas herbáceas, aunque la P. dioica, denominada también Ombú o Bellasombra puede alcanzar una gran altura , un  extenso contorno en su base, y tener apariencia de un gran árbol creciendo en Uruguay, sur de Brasil y en las Pampas argentinas...aspecto arbóreo sin serlo...¡curiosidades de la Botánica!  

Están descritas unas 17 especies. La especie tipo es P. americana descrita por Linneo en 1753.
La P. americana aunque su origen es Norteamérica está naturalizada por todo el mundo, en zonas templadas, y se puede encontrar también en la Península Ibérica.
La Phytolacca americana nos llama la atención por sus tallos púrpuras destacando en el entorno verde. Las hojas son alternas, pecioladas, de terminación algo apuntada. Las flores, pequeñas y blanco-verdosas, se disponen en racimos terminales. Florece de julio a noviembre. El fruto es una pequeña baya  de color púrpura oscuro. Estos frutos fueron usados por los indios nativos para conseguir un tinte rojo. Precisamente a esta característica debe su nombre ( Phyton=planta y Lacca= tinte rojo)

Las hojas y frutos contienen toxinas, fitolacatoxina y fitolacigenina, venenosas para los mamíferos, pero no para las aves. Las hojas, fritas o hervidas tres veces, pierden la toxina.

Otra especie, la P. dodecandra se ha estado investigando para el tratamiento de la esquistosomiasis.



Llamativo color púrpura de la Phytolacca.


AMARANTO. Amaranthus. Familia Amaranthaceae. Este nombre procede del griego y su significado es el de "flor que no se marchita" o "flor de la inmortalidad". Están  aceptadas unas 70 especies. Cuarenta de estas especies son nativas de América, aunque estas plantas están muy extendidas por climas templados y cálidos.
En la época precolombina se cultivaba como alimento, sobre todo, el Amaranthus caudato , llamado kiwicha por los nativos, ya que posee unas semillas de gran poder nutritivo, empleadas para hacer harina. También se la consideraba una planta sagrada  de uso en sus rituales .

El género Amaranthus está próximo al género Celosía, éstas últimas plantas muy vistosas, como plumeros de variados colores  que estamos acostumbrados a ver  en los viveros.




Densa inflorescencia del Amaranto.


Amarantos de bajo porte en la platabanda del Real Jardín Botánico, Madrid


Detalle de la inflorescencia del Amaranto



RICINO. Ricinus communis. Pertenece a la gran Familia Euphorbiaceae. Se distribuye por todas las regiones cálidas del globo. Se trata de un arbusto de tallo grueso y  hueco de hermoso color púrpura. Las hojas , alternas, palmeadas y con nerviación marcada, pueden tener  gran tamaño. Forma grandes inflorescencias, conformadas en panícula, situándose las flores masculinas en la parte inferior y las femeninas en la superior.
Los frutos son globulosos y erizados, púrpuras al comienzo y marrones al madurar. Cada uno con tres cavidades donde se disponen las semillas, una por cavidad, grandes y jaspeadas que, en el momento de la maduración, son lanzadas a gran distancia.
La ricina es el potente tóxico que contienen las semillas. Tiene uso industrial.




Planta de Ricinus communis en RJB, Madrid



Detalle de las hojas palmeadas del ricino.



Detalle de los frutos maduros y de la semilla del ricino


En el RJB de Madrid se pueden ver estas plantas del ricino, en gran número, en la zona del huerto y  acompañando a las dalias y a la planta del tabaco, en los parterres cercanos.

Observar todas estas plantas bien merece un paseo por un lugar, el Jardín Botánico de Madrid, generoso en gratificaciones.




Púrpura en las hojas, tallos y frutos del Ricino





















lunes, 1 de octubre de 2018

Francisco Hernández ( 1515-1587), médico-botánico






Francisco Hernández de Toledo, médico y botánico

Pionero en tierra ignota


Hay personajes en la historia que resuenan en los oídos de todos por estar posicionados en lo alto de la  pirámide de las figuras ilustres y otros  que, sin menos méritos, quedaron marginados en la cuneta  por una serie de circunstancias adversas.
Este es el caso de Francisco Hernández, conocido por los que bucean en las raíces de la Botánica y de la Historia, pero un completo desconocido para el público en general, y no fue poco lo que este hombre anduvo, trabajó y escribió , siendo uno de los primeros cronistas del Nuevo Mundo.
Corrían los tiempos de Felipe II en cuyo Imperio no se ponía el sol. El rey, interesado por todo lo nuevo, en especial en remedios para sus dolencias, puso sus ojos en Francisco Hernández, a la sazón uno de sus médicos de cámara, y le confió la tarea del estudio y recolección de todo lo que la nueva tierra pudiera aportar.
Y allí fue cuando ya contaba 55 años , con su hijo, al territorio de Nueva España que tenía entonces  una extensión mayor que lo que hoy constituye el país de México. Partieron  de Sevilla en 1570.

Francisco Hernández nació en la Puebla de Montalbán (Toledo) en 1515.En su pueblo natal se puede ver, en la Plaza Mayor, una placa conmemorativa  pero la fecha de su fallecimiento, que tuvo lugar en Madrid, fue la de 1587, no 1578.

 Estudió Medicina en la Universidad de Alcalá de Henares.Ejerció en otro pueblo de Toledo, Torrijos y, más tarde, en Sevilla, donde recorría  el campo recogiendo numerosas plantas. También fue médico en el Hospital del monasterio de Guadalupe  regresando posteriormente a Toledo , al Hospital de la Santa Cruz. Pasados los años y con esta experiencia fue nombrado, en 1576, médico de la casa real de  Felipe II.



Puebla de Montalbán, Toledo

Placa conmemorativa en la Plaza Mayor de Puebla de Montalbán.





















Va a las Indias como Protomédico general y a "hacer la historia de las cosas naturales". El Protomedicato era en aquella época, a falta de los actuales Colegios médicos, un organismo que controlaba el ejercicio de la medicina y decía quien era apto para ello además de supervisar las actividades de las Boticas.

Recorrió extensamente el territorio mexicano. Luego se tomó un tiempo para ordenar todo el material, hablar con los médicos locales para conocer sus remedios y practicar la medicina en el Hospital Real de Indios., así como hacer frente a las epidemias que se dieron durante su estancia por aquellas tierras.
No sólo se interesó por la materia médica , también recogió información sobre arqueología, antropología e historia mexicana. En 1576 envió a la Corte sus escritos, dieciséis volúmenes.
El regresó, con su salud muy deteriorada, en 1577.
Su obra, que fue muy bien recibida por Felipe II y , encuadernada con lujoso acabado, pronto fue almacenada en El Escorial, y allí quedaron los volúmenes, hasta quedar destruidos en el incendio que sufrió el edificio en 1671.
Afortunadamente, su obra no se  perdió por completo pues se hicieron resúmenes de ella y copias, aunque esta es una historia rocambolesca.
El murió con la pena de no haber visto publicado su trabajo  ni haberse, por lo tanto, difundido  extensamente  como había sido su deseo.

La obra original de la Historia de las plantas de Nueva España incluía 1069 plantas identificadas, no solamente americanas, sino también de Filipinas, por ejemplo Cinnamomum cassia ( cassia) y la Mangífera índica (mango) y  otras de las Indias Orientales, que llegaban a América a través de Filipinas.




Dibujo del árbol del cacao del libro de Francisco Hernández de Toledo. Museo de América, Madrid



Cuando regresó  trajo consigo muchas raíces, plantas vivas y semillas. Describió la piña tropical, la chirimoya, el guanábano, la papaya, el coco, diferentes variedades de pimiento, la vainilla, el maíz,el cacao, el girasol, ágaves, hibiscos, la zarzaparrilla, el tabaco...
Destacan en la obra capítulos sobre el liquidámbar,la coca, los bálsamos de Tolú y de Perú, tan apreciados en la época, diferentes purgantes  y también el dedicado al cacao, así como detalles de las diferentes formas de preparación , y el uso de otras plantas que se le añadían para mejorar su sabor.


El interés por su obra se extendió por Europa  en las últimas décadas del siglo XVI.
Se realizó una edición madrileña de su obra en 1790, por Casimiro Gómez Ortega, médico y botánico, Catedrático del Real Jardín Botánico de Madrid.





Primeras páginas de la edición de Casimiro Gómez Ortega. Cortesía de Félix Alonso Sánchez. Biblioteca RJB , Madrid



La introducción en Europa de la Botánica americana, y su aplicación en Medicina, se inició con las primeras noticias de las plantas del Nuevo Mundo a través de muchas fuentes : textos colombinos, de Pedro Mártir de Anglería, de Gonzalo Fernández de Oviedo y  escritos de muchos cronistas.
En Europa se recibían semillas y plantas vivas que los interesados en estas cuestiones y muchos médicos, entre ellos Nicolás Monardes en Sevilla, se apresuraban a plantar en sus jardines y a conocer sus aplicaciones.
A mediados del siglo XVI , el coleccionismo de objetos naturales adquirió una importancia  que iría en aumento en el siguiente siglo, alcanzando, asimismo, auge los jardines botánicos.
La importancia que tuvieron  las referencias botánicas del Nuevo Mundo es innegable. En obras médicas del siglo XIX se recogían aplicaciones terapéuticas que fueron introducidas en Europa por médicos españoles.
Nunca antes del descubrimiento del Nuevo Mundo se había producido un intercambio vegetal a tan gran escala. Debemos estar agradecidos a todos los que contribuyeron a ello.



Plaza de Puebla de Montalbán, Toledo.Julio,2018


Para quien quiera saber más son estupendas las siguientes obras :

-Las primeras noticias sobre plantas americanas en las relaciones de viajes y crónicas de Indias  (1493-1553). José Pardo Tomás y María Luz López Terrada. Instituto de estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia. Universitat de Vaència_CSIC. Valencia, 1993.

-La influencia de Francisco Hernández (1515-1587) en la constitución de la botánica y la materia médica modernas. José María López Piñero y José Pardo Tomás. Instituto de estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia. Universitat de Vaència_CSIC. Valencia, 1996